Cuando pensamos en escaras o úlceras por presión, solemos asociarlas con personas en cama o con movilidad limitada. Sin embargo, en el deporte también pueden aparecer —y no son tan raras como parecen—, especialmente en disciplinas donde hay contacto prolongado, presión o fricción con el equipo o la superficie.
¿Por qué pueden aparecer en deportistas?
Las escaras se forman cuando la piel y los tejidos se comprimen durante mucho tiempo, reduciendo el flujo sanguíneo. En el ámbito deportivo, esa presión puede venir de:
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Sillas deportivas (en atletas con discapacidad, como los de baloncesto o tenis en silla de ruedas).
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Equipos de protección ajustados, como cascos, coderas o rodilleras.
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Apoyos repetitivos, como los glúteos o espalda baja en ciclistas o remeros.
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Fricción y sudor, que ablandan la piel y la vuelven más vulnerable.
Casos más frecuentes
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Deportistas en silla de ruedas: Son los más propensos, porque pasan largos periodos sentados durante entrenamientos y competencias.
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Ciclistas y triatletas: Pueden desarrollar lesiones por presión en la zona perineal o glútea, agravadas por la humedad del sudor y la fricción del sillín.
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Remeros y kayakistas: La presión constante sobre la base pélvica y los movimientos repetitivos también pueden generar úlceras por roce o presión.
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Motociclistas o pilotos de automovilismo: En competencias largas, el calor, la vibración y la presión del asiento contribuyen al riesgo.
Prevención en el ámbito deportivo
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Revisar la piel diariamente, sobre todo en zonas de apoyo.
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Usar ropa técnica transpirable y sin costuras duras.
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Asegurar una buena posición ergonómica en el equipo o silla.
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Emplear cojines o asientos antiescaras en disciplinas adaptadas.
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Higiene y cuidado de la piel tras entrenamientos intensos.
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Descansos y cambios de posición durante largas sesiones.