Antes, la información sobre la evolución de las enfermedades eran un misterio, ahora estamos demasiado enterados de todo, lo que nos aturde mucho más. Sin embargo, sea cualquiera la patología, llega el momento del alta. Y entonces es la familia la que se endeuda de manera desproporcionada para atender la convalecencia o despedida de ese ser que nos tiene preso del corazón en un grado superlativo o no. Pero ahora debemos estar tranquilos, no tenemos que endeudarnos, pues los servicios de atención domiciliaria gratuitos y privados, son bastante asequibles.
Siempre debemos informarnos con los seguros públicos o privados que hemos contratado, pues generalmente y con letras chiquitas, están tantos beneficios que nos podrán sacar de esta ansiedad económica.
Algo positivo que nos dejó la pandemia, es el conocer que podemos tener acceso de una diversidad de equipos de uso domiciliario, así como mobiliario y personal de salud. Por lo tanto, no angustiarse, tan solo pedir al cielo, nos cargue de sabiduría y amor, para sobrellevar esta etapa, sí, pues solo es una etapa.
Con éxito, entregaremos nuestro corazón de empatía, caridad, compasión, generosidad y, gracias a todo esto, habremos crecido un poquitín como seres humanos. Al fin la sonrisa y el bienestar de quien ahora daremos un poquito de nuestro corazón, pintará en nuestro libro de la vida una rosa bella que de seguro a Nuestra Madre, al momento que seamos llamados al reino celestial, le agradará tiernamente y, aunque las travesuras de nuestra historia de vida hayan percudido nuestra alma, esa hermosa rosa, quizás sea la llave para ese paraíso celestial.