¿Qué silla de ruedas necesito?
¿Debo alquilar o comprar?
Escoger una silla de ruedas es muy simple. Primero, veamos nuestra economía, luego evaluemos nuestra necesidad según peso, talla, edad, actividades, independencia y lucidez. No hay nada que amerite un instante de estrés. Ahora bien, si no estamos seguros de qué modelo es el adecuado, o quizá el evento que nos aqueja es pasajero, como una fractura, un ACV, una neumopatía, etc., sería mejor alquilar.
Si es un paciente que se cansa al caminar, se queda recluido en casa, lúcido, se desploma en cada esquina, le recomendamos no comprarle una silla de ruedas sin su autorización. Pues, en el proceso de deterioro de nuestras capacidades físicas, lo peor que podemos escuchar es "estás viejo", a veces no con palabras, sino con actitudes. Por ejemplo: regalarle una silla de ruedas en su cumpleaños (sin su consentimiento) es como decirle: "¿Sabes que ya estás viejo e inválido?"
Obviamente, la carga es para la familia, pues verlo recluido, mirando por la ventana, sin poder salir ni recuperar su vida social, es desgastante, tanto para el paciente como para la familia que tanto lo ama. Pero ¿cómo vencer ese orgullo? ¿Cómo ayudarlo a salir de esa oscuridad y tristeza? Siempre recomendamos, inicialmente, alquilar una silla de ruedas por unos días, solo para eventos puntuales. Luego, él mismo le solicitará que se la "preste" por más días. Y él mismo dirá: "Creo mejor compramos una". Es decir, debe participar en la decisión de compra, donde escogerá precio, tamaño y modelo. Hacer partícipe al abuelito del curso de su vida, de su independencia, es más importante de lo que imaginamos.
No olvidemos: lo más importante que tenemos en nuestra vida es la autoestima. Nuestro paciente debe seguir siendo el patriarca de su vida, de sus decisiones. Así no sea su dinero, es su vida.