Agonía: «Que hacer»

El momento en que somos testigos de la proximidad de la muerte de un ser querido, nos comportamos de la manera más inesperada.El dolor que nos causa su partida muchas veces nos hace negar ese momento, y evitamos verlo «en ese estado». Sin embargo, talves este sea el último momento en que podamos darle una muestra de Amor, Caridad y desprendimiento. La siguiente lectura puede darnos luces sobre lo que él pueda sentir.

Agonía: «Nadie quiere estar solo en ese momento»

La vida  discurre entre buenos y no tan buenos momentos. Sea  el dolor el que nos acompañe en su curso, o la alegría plena,  la que colme nuestros momentos, todos nosotros al momento de partir, necesitaremos de una mano cálida sobre la nuestra,  que nos libre de la angustia de enfrentarnos a lo desconocido; de quien regocije nuestro corazón con la esperanza de encontrar a los seres amados que ya partieron.

 

¿Cómo llegamos a ese momento?

Quién de nosotros no quisiera partir sin pasar por la angustia de la agonía. .Sin embargo, así sea una larga enfermedad  la que nos lleve a ese momento,  o un accidente, todos tendremos esos segundos de angustia donde la vida pasa delante  viendo en una milésima de segundo nuestros aciertos y desaciertos , lo que hicimos y dejamos de hacer, lo que sentimos y no volveremos a sentir, y en ese instante no quisiéramos aun partir, pero la angustia de lo inminente nos llena de desconsuelo y ese segundo se hace eterno e insoportable.

 

¿Qué hacer antes de ese momento?.

Vivir como si ayer hubiéramos tenido  que partir. Aunque es una paradoja, es  prepararse cada día, para el último día. Nunca dejar de Dar el beso al despedirse, siempre decir un «te quiero», dar un buen estrechón de manos al llegar, entender que el trabajo es un medio y cruzando la puerta del hogar, debemos aprender a dejar detrás y atrás los pensamientos laborales y disfrutar de la compañía de quien comparte nuestro techo.

 

¿Solos al partir?

Si nuestra agonía será larga, nuestro cuerpo pasará por una serie de cambios que nuestros seres queridos verán con dolor y preferirán dejarnos solos, sin saber que si esa soledad que a ellos les reconforta (por guardar el recuerdo de nuestra imagen «sana» intacta), a nosotros nos hunde en la más dolorosa soledad.

 

¿La Respiración  un aviso de la partida?

Cuando nuestra respiración se vuelve ruidosa es cuando el último minuto se acerca, ese momento nos avisa que nuestra alma se va a desprender de nuestro cuerpo y es cuando la compañía de los seres amados se hacen más imprescindible.

Cuánto  desearíamos que la respiración Ruda abra los oidos de los que quedan y avise el momento de nuestra partida, llenando su corazón de caridad y no nos dejen solos!.

 

«El oido es lo último que se pierde»

Aunque nuestros ojos ya no vean, aunque nuestros oidos aparentemente no escuchen, aunque nuestras manos luzcan inertes a ambos lados de nuestro cuerpo (talves desde días o meses atrás) , aún nuestra alma está presente y sufre en silencio sin poder expresar el dolor que la atrapa.

Cada palabra que se pronuncie en presencia de nuestro cuerpo desfalleciente, siempre llega a nuestra alma, pues es talvés el oido el último sentido que se pierde.

El consuelo de una palabra de compàñía, es el mejor aliciente que nos reconforta en el momento de agonía. Aún la expresión del dolor de los que quedan es más tolerable que la absoluta soledad y el silencio.

 

«Cuidados de Nuestro cuerpo Agónico»

Ya no toleramos los alimentos,  y  nuestros labios se parten en grietas sangrantes. Quien nos atienda nunca debe descuidar un algodón húmedo que limpie nuestras llagas.

Nuestros ojos no tienen fuerzas para cerrar los párpados, eso no impide que la permanente luz llegue a ellos, los lacere y nos produzca un intenso dolor que tenemos que soportar en silencio. ¡Cuanto daríamos por una mano que coloque unos parches (trapitos, o algodón con esparadrapo) en nuestros ojos, ayude a mantener cerrados los párpados y nos libre de ese lancinante dolor .

 

Partir en soledad, es tan triste aun cuando el transporte sea el más codiciado, cuanto no más será, cuando esta partida está dejando un cuerpo destrozado por la enfermedad, y donde el destino incierto nos llena de pavor. Cómo poder  hacer escuchar de nuestros labios un «no me dejes solo» sí los oidos de quienes amamos, no saben leer la estridente respiración que anuncia nuestra partida, pues  aunque nuestro cuerpo no muestre vida,  el latido de nuestro corazón enloquece nuestras entrañas.

Cuánto quiseramos que no se aparten de nosotros en ese momento. Es precisamente el momento que nuestro cuerpo llora, pues nuestros labios no pueden decir adios, es el momento en el que sentir al ser amado próximo, hace de la angustia una esperanza, pues partir con el amor como equipaje, transforma nuestra angustia en la paz más deseada.  

 

 


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